sábado, 21 de septiembre de 2013

Entrevista a Walter Queijeiro: "Soy candidato porque Quilmes está destruído" (*)

(*) Entrevista que realicé al periodista deportivo y candidato a Concejal de Quilmes, que fuera publicada en Perfil.com el 19 de septiembre de 2013.

Cantantes, actores, periodistas, modelos, deportistas, vedettes y hasta estrellas de la pornografía. Todos rubros que tienen algo en común: famosos que incursionaron en política. Que un periodista participe de lleno en política, no resulta extraño. Incluso en Argentina hemos tenido presidentes que han ejercido el periodismo.
Sin embargo, en estos tiempos de masividad televisiva, que un periodista relacionado al fútbol sea noticia política, llama la atención. Luego de diecisiete años de cubrir mundiales y conducir programas de fútbol, Walter Queijeiro fue noticia por sacar el 21,7% de los votos en las últimas elecciones en Quilmes, resultado que le permitirá competir por una banca de concejal, luego de quedar a menos de tres puntos de la lista encabezada testimonialmente por el Intendente Francisco “Barba” Gutiérrez, y de aventajar por catorce puntos a la lista integrada por La Cámpora. Informal y verborrágico, saluda a los que lo reconocen y deja de hablar de fútbol. Al menos por un rato.
"Soy candidato porque vivo en Quilmes. Si viviera en otro lado, no tendría necesidad. Si estuviera en Tigre, conduciría un programa, no sé. Ahí hay gente que puede hacer las cosas, pero Quilmes está destruído. El Barba Gutierrez quiere tanto a los pobres que emparejó para abajo", sostiene Queijeiro.
- ¿De dónde viene tu interés por la política?
- Cuando me cansé de ver a Quilmes así, sentí la necesidad de algo. Si todos los días pasaba por el boulevard Dardo Rocha y puteaba por el estado en que estaba ¿Cómo no hacer algo? En mi familia, el único caso de participación activa es mi viejo, que militaba en Smata en Avellaneda, y al casarse y mudarse a Quilmes, siguió militando activamente. Y yo lo acompañaba. Con ocho años preparaba las boletas para la vuelta de la democracia en 1983 y presenciaba las reuniones en mi casa. A mí los días electorales siempre me apasionaron, me gusta estar en las escuelas esos días, fiscalizando o trabajando. Y siempre lo hice porque lo creía. No tuve cargo alguno por apoyar a candidatos ni tampoco cobré por mostrarme con ellos. Nunca cobré ni siquiera por fiscalizar.
- En las elecciones de 2011 apoyaste la candidatura a Intendente de Daniel Gurzi, kirchnerista y hombre de Aníbal Fernández. ¿Qué cambió desde entonces?
- Aquella vez también apoyé a Gustavo Menéndez en Merlo. Hasta capacité a los fiscales. Y lo hice porque me parece buen tipo y tiene buenas ideas. En Quilmes, entendí que Gurzi era, por lejos, mejor candidato que el Barba. Creíamos que era la mejor opción. Después cambiaron muchas cosas en la ciudad y en los proyectos de la Nación y la Provincia. Muchos de los intendentes de aquel entonces defendían la lista oficialista, pero ya se había conformado un frente mucho más amplio que el del Frente para la Victoria, que es el de la actualidad.
- ¿Qué te llevó a mostrarte en la ciudad de Buenos Aires junto a Horacio Rodríguez Larreta, del PRO?
- Queríamos formar algo nuevo. Si no salíamos de Quilmes, no podíamos aspirar más que a fiscales de mesa. Para ser protagonistas, hay que consensuar y mucho más con quienes administran distritos vinculados entre sí. ¿Cómo no voy a hablar con los del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires si en algún momento se podría planear un centro de transferencia que beneficiaría a las dos ciudades? ¿Cómo no voy a hablar con Cariglino si forma parte del armado político bonaerense? ¿Cómo no voy a hablar con Sergio Massa si es un Intendente con una gran gestión? En mi visión, todos son importantes y hablamos con todos. Y a todos les gustó mi proyecto para Quilmes.
- ¿Cuál es tu proyecto?
- Que Quilmes vuelva a ser la ciudad más importante de la provincia de Buenos Aires, como lo tiene que ser, por historia, por ubicación. Quilmes llegó a ser la quinta ciudad más industrializada del país, además de ser la primera ciudad balnearia. Por historia le puede competir a cualquier otra ciudad de la provincia, pero con nuestra actualidad, no. Por respeto al pasado hay que construir un presente en vistas al futuro. Para ello busco generar un grupo que desde el poder tenga incidencia en la ciudad. Hoy, la gente no ve que el poder tenga incidencia en la calle.
- Hablás como si tuvieras planes de ser Intendente.
- Aspiramos dentro del espacio a colocar un Intendente que cambie la realidad de la ciudad. Si aparece un iluminado de Massachussets que nació en Quilmes y quiere volver a la ciudad, será ese. Y si soy yo, bienvenido sea. La idea es formar nuevos candidatos y protagonistas para la política de Quilmes y que esto tenga continuidad, para que haya un proyecto a largo plazo. Con sólo cambiar al Barba Gutiérrez no alcanza. En Quilmes ya no hay ni lugares de esparcimiento, ni siquiera un parque en condiciones. Si llueve, hay que quedarse en casa, ir al supermercado o a otra localidad. La única manera de poder actuar es teniendo un poquito de poder. Si siendo periodista me reclaman para que muestre cosas, o para que consiga recursos, como concejal puedo tener un poco más de incidencia. Todos los intendentes que tuvo Quilmes desde el retorno de la democracia, tienen una imagen negativa enorme. Y todos utilizaron el distrito para saltar a la política nacional. No está mal hacerlo, pero se olvidaron de gestionar el distrito. No hay mejor forma de crecer que hacer bien tu laburo.
- ¿Cómo repercute tu actividad política en tu profesión de periodista?
- Después de mostrarme con Cariglino y Rodríguez Larreta, se acabó el programa que hacía para Seguridad Víal en A24. Después, trato de ser coherente. No me va eso de “me la doy de izquierda y vivo en barrios caros”. En la televisión hablo poco y nada de política, porque diferencio mi laburo. Soy periodista deportivo y tengo un programa de entretenimiento. No conduzco “A Dos Voces”, no tengo necesidad de mezclar las cosas.
- ¿Qué opinas de la propaganda política que hacen los relatores de los partidos enFútbol para Todos?
- Si lo hacen por convicción, está bien. Si lo hacen por interés, me dan pena. Creo que relatar un corner no es el momento para manifestarse políticamente. Yo no lo haría, pero si lo sienten… La utilización del fútbol no hace bien, ni al deporte, ni a los periodistas, ni a los seguidores, que se cansan. La gente se cansa y ganás enemigos.
- ¿Cuál es el límite entre la política y el fútbol?
- Si tenés que construir una unidad sanitaria para Luis Guillón, el Estado no puede elegir financiar a River, por poner un ejemplo, que tiene sus propios recursos y bien puede manejarse sólo, porque acaba de vender a Funés Mori. Es ilógico e innecesario. Si no, que participen con el Estado las ganancias de las ventas. Financiar el deporte en general, o abrir filiales en el interior usando el nombre de los clubes grandes, me parece bárbaro. Ahora, darle guita a los clubes para que la malgasten, es al divino botón. Los clubes tienen con qué, pasa que es un tema de vagancia. Es más fácil pedir recursos que generarlos. Después se acaba la plata y no saben qué hacer. Deberían cortar el chorro para que aprendan, porque ahora es el Estado, pero con Torneos y Competencias pasaba lo mismo. Políticamente…si soy dirigente, tengo que hacer lo mejor para mi club. Es normal que personas de la política tengan participación en clubes. Lo que no me parece bien es que se utilice al club para disputas políticas ajenas, que si sos de la UCR y yo del PJ, no arreglo con vos para defender al club.
- ¿A qué le atribuís el desempeño electoral del massismo?
- Era una necesidad de la gente. Todo lo que funciona es necesidad del consumidor, y en la política funciona igual. El electorado buscaba una persona que enfrente al Gobierno Nacional, en la Provincia, un tipo joven y con buena gestión. La gente quiere que le solucionen los quilombos. Las encuestas te dicen que la mayoría no vota partidos, vota soluciones, infraestructura, salud, seguridad. Si alguien pasa por Tigre y ve que las cosas mejoraron, quiero lo mismo. En Facebook pasa lo mismo. Se acercan jóvenes a participar y nosotros queremos apuntar también a ellos. 
- ¿Cómo ves la relación del gobierno con la juventud?
- Lo bueno es que hay participación juvenil. El tema es la utilización y el discurso. No creo que sea culpa del gobierno que la mayoría de la juventud politizada pareciera ser la de ellos. Capaz que es culpa del resto de los partidos por no fomentar lo mismo. Nosotros queremos que el grupo más grande de nuestra agrupación sea juventud. Los pibes de La Cámpora que cruzás en campaña te encaran con el discurso nacional y popular con los Ray Ban puestos. Son incoherentes.
- ¿Qué creés que hizo mal el gobierno para llegar a esta elección tan pobre en comparación a 2011?
- La filosofía del enfrentamiento. Eso de que “lo que yo hago está bien y lo tuyo está mal”, porque sí y sin mantener la coherencia. Si no estoy a favor del matrimonio igualitario, me tildan de homófobo los mismos que después se ríen de los homosexuales. Han hecho cosas muy buenas, pero el enfrentamiento es fuerte. Trazaron una línea y te colocan de un lado o del otro. Mientras la gente te reclama seguridad, te meten el conflicto con Clarín hasta en los partidos de fútbol. Ahora meten en la agenda la inseguridad. Se acordaron tarde, se les escapó la tortuga. Y a nivel municipal…está bien, la bonarense no es responsabilidad de los municipios, es de la Provincia, pero está en la voluntad del Intendente ponerle onda y recursos. Centros de monitoreo, mejorar la iluminación, señalizar, asignar recursos. En Quilmes no se puede exigir que se haga algo que está por encima de las responsabilidades, cuando ni siquiera se cumple con lo que se tendría que cumplir. Falta planificación y se gestiona con el votómetro.
- ¿Cómo te ves en 2015?
- Impulsando un candidato a intendente de nuestra agrupación y con la tranquilidad de haber hecho lo que tenía que hacer durante mis primeros dos años de concejal. De haber solucionado problemas que no podría resolver si no participo.

Villa Argentina

De mi autoría, publicado originalmente en Relato del Presente, el 10 de septiembre de 2013.

“Hoy están acá junto a Dios, porque esto es un milagro, un milagro que hemos hecho nosotros.”
Hermana Cristina, Iglesia del Néstor de los Últimos Días. Barracas, 9/9/2013.

VillaCristina1Las palabras sonaron un tanto exageradas para la inauguración de una obra pública en la Villa 21 del barrio de Barracas. Más si tenemos en cuenta que Cristina también es la realizadora del milagro de ser multimillonaria viviendo del Estado. Sin embargo, la Presi le metió garra y se puso a trabajar para mejorar las perspectivas a futuro de quienes más lo necesitan: sus candidatos.
Muchos se emocionaron con la presencia de la Presi. Es lo más cercano que puede estar una persona de conocer a Dios, ese que te cuentan que cuida por vos, que se preocupa por vos, del que no se sabe bien si es o no el creador de tu mundo de mierda, pero a quien no podés cuestionar, dado que obra de formas misteriosas. Sin embargo, te obligan a adorarlo para obtener la salvación, si pinta, porque te ama. Y en este caso te ama tanto, pero tanto, que te mantiene así, totalmente pobre.
Aún no sabés cuál es tu culpa, si solo tuviste la suerte de nacer acá, pero los miembros de la Iglesia del Néstor de los Últimos Días te convencieron de que sos portador del pecado original, algo así como que todo lo malo que te pasa no es tu culpa, pero es como si lo fuera, dado que cargás sobre tus espaldas los errores de personas que ya no están.
El gobierno dijo que probablemente existieran algunas pequeñas deudas pendientes, y por algún lado había que arrancar. Ahora que ya terminaron con lo vital y esencial en la villa 21, quizás en un futuro puedan abordar los detalles superfluos, esos lujos que nunca están de más, como lograr que la parada de bondi más cercana no quede a veinte cuadras, o que los colectiveros puedan circular por adentro sin perder un dedo en cada viaje.
Hoy es la Secretaría de Cultura la que se instala en la Villa 21, y esperemos que no sea el único caso. Si las instituciones que supuestamente están para modificar las realidades, serán trasladadas a los lugares insignias de las realidades no modificadas por dichas instituciones, para ser coherentes, se debería mudar el ministerio de Economía a alguna cueva de la calle Libertad. Otra buena idea que debería considerarse es la de convertir al ministerio de Floppy Randazzo en una cartera itinerante, a bordo de una formación del ferrocarril Sarmiento. Ya que estamos, al ministerio de Seguridad se lo podría mudar a cualquier aguantadero y colocar oficinas de atención al público en cada puterío. Por último, el ministerio de Defensa se podría instalar en el museo de ciencias naturales, donde las Fuerzas Armadas convivirían con el resto de las especies extintas.
Hablar de los asentamientos precarios es un tema un tanto complejo y peligroso de abordar sin herir susceptibilidades. De todos modos, si empezamos por reconocer que ya no añadimos el término “de emergencia” a la villa, tenemos más de la mitad del camino resuelto.
La existencia de las villas es un buen negocio para el Estado, por eso nadie se calienta en abordarlo. Si las villas resultaran un problema real para la subsistencia de un gobierno, ya habrían sido reguladas. Por el lugar que ocupan, la inmensa mayoría de los asentamientos son inofensivos para los funcionarios, que por lo general viven en barrios más cómodos. Los que se trasladan en helicóptero para ir de Olivos a la Rosada, ni sienten la intranquilidad moral de ver las construcciones -que ningún arquitecto se atrevería a denominar edificio- que asoman entre los barandales de la avenida Lugones cuando empalma con la 9 de Julio.
Una de las grandes paradojas del sistema de recaudación impositiva deriva en que a nadie con poder de decisión real le importe la existencia de una villa, ni siquiera para el cobro de impuestos. Las provincias no recaudan los impuestos municipales, y lo que correspondería al impuesto a la propiedad inmueble, no merece el esfuerzo de convertir el asentamiento en una zona residencial como la gente. Asfaltar calles, construir escuelas en proporción a la cantidad de alumnos, pagar a los ingratos de los docentes, establecer una comisaría y su dotación, no son costos que puedan recuperarse con recaudación de impuestos en lo que dura una gestión. Por su parte, al Estado Nacional le da exactamente igual: los habitantes de las villas pagan el mismo impuesto al consumo que los vecinos de Puerto Madero, cada vez que dejan el 21% de IVA en la compra de un jabón de tocador.
Los asentamientos precarios no siempre tuvieron inicios de ocupación ilegal. El primero que se recuerde, existió en la década del ´30 y fue creado por el mismísimo gobierno nacional, quien no sólo permitió la permanencia de inmigrantes que huían del hambre de Polonia, si no que cedió treinta vagones de tren para que vivieran como pudieran. Para darle un tinte menos trágico, el asentamiento se llamó “Villa Esperanza”. Si bien fue demolida unos años después, el terreno ya era tentador. Hoy es la villa 31.
La denominación Villa Miseria se la debemos al escritor Bernardo Verbitsky -padre de Horacio- que a principios de los años cincuentas escribió unos textos sobre los asentamientos en el desaparecido diario Noticias Gráficas. Tiempo más tarde, quedaría inmortalizado en su libro “Villa Miseria también es América”. Algunos intentaron poner un dejo de esperanza al denominarlas villas de emergencia, con lo que intentaban no cerrar la ventana a una chance de mejora social: era una situación de emergencia, se estaba de paso. Durante años funcionó así, en muchos casos. En las últimas décadas, los únicos que logran movilidad social ascendente habiendo nacido en una villa, son los futbolistas que llegaron a jugar en primera, los punteros y los narcos.
VillaCristina2Históricamente, el villero siempre buscó zafar. La marginalidad como norma general dentro de las villas, es más bien moderna: creció con la hiperinflación, se perfeccionó durante los noventa, se convirtió en heróica en la crisis del 2001, y pasó a ser parte de la cultura popular en la década ganada, llevando más de veinte años de éxito ininterrumpido en la creación de generaciones que ya no recuerdan cuáles de sus ancestros fueron los últimos en tener un empleo digno y estable. El término villero dejó de ser despectivo y se convirtió en orgullo gracias al cambio de siglo. Las tribus urbanas de clases bajas, por años se identificaron con la cultura rolinga y consumían rock de la banda británica o el producido por sus tristes clones locales. Sin embargo, a fines de los noventa y con la cumbia animando las fiestas de la high society en plena Quinta de Olivos, la villa empezó a cobrar protagonismo más allá del paisaje urbano. La llegada de la cumbia villera hizo el resto. De pronto, fue normal cruzarse por la calle con un adolescente con uniforme de colegio privado tarareando “Colate un dedo” de Pibes Chorros.
A mi humilde entender, el surgimiento de la cultura villera fue de las peores cosas que le pudo pasar a los habitantes de las grandes urbes argentinas -y esto incluye a los propios villeros- en cuanto a consciencia social refiere. La aceptación de la existencia de un otro radicalmente distinto al que se teme y desprecia, pero del que se consume su cultura por moda; un extraterrestre que habita en el Área 51 que se encuentra tras la terminal de micros en Retiro, o en Villa La Antena de La Matanza. El sentimiento de temor y desprecio es recíproco: así como muchos piensan que el villero no es un tipo que nació y creció en una realidad de mierda, sino que es un humanoide prescindible, muchos de ellos no pueden comprender de manera lógica la relación herencia-trabajo-poder adquisitivo de los demás estratos sociales.
La aceptación de la cultura villera como un elemento colorido del gen argentino, también acarrea políticas pedorras y deshumanizantes, curiosamente propulsadas y defendidas por gente que se define progresista y que a la villa va para sentirse mejor persona. La mayoría de las medidas aplicadas son para mantener a los villeros bien dentro de sus barrios. Suponer que armar un ciclo de películas de la villa coloca a la misma en plano de igualdad con los demás barrios residenciales, es prácticamente insultante. Si nos sacan la posibilidad del afuera, todos creeremos que nuestra realidad es inmodificable.
Tanto que se habla de la movilidad social ascendente, nadie tiene en cuenta el deseo de querer otra realidad para nosotros y nuestros hijos. Nadie cambiaría su realidad si no deseara otra. Obviamente, para desearla primero hay que conocerla. Y para no mandarnos cagadas, hay que saber cómo alcanzar esa realidad deseada. ¿O acaso todavía debemos creer que nuestros abuelos vinieron a la Argentina sólo porque huían del hambre? Si no hubieran sabido que acá podían estar mejor, ni se habrían acercado al puerto.
Ya que hablamos de la Villa 21-24 -La Zavaleta, para los íntimos- alguien debería considerar que muchos padres buscan colocar a sus hijos en escuelas que se encuentren fuera de la villa, a pesar de existir varios establecimientos de educación inicial, primaria, media, y hasta una escuela de formación laboral que subsiste en parte por los aportes del gobierno de la Ciudad, y otro tanto por donaciones privadas.
Son las ganas del afuera, el deseo de que los hijos tengan una vida mejor que aquella que les toco a sus padres. Para ello, tienen que saber que existe una vida mejor, para que el deseo los movilice. En sus televisores ven los mismos comerciales que cualquiera de nosotros, y al no ser marcianos, quieren comprar las mismas cosas que nosotros. Sin embargo, al igual que nosotros, el deseo del consumo no es igual al del progreso. Nosotros podemos llegar a hipotecar la casa y el futuro de nuestros hijos sólo porque se nos antojó algo que no podemos pagar. El que no tiene qué hipotecar, igualmente buscará la forma de satisfacer su deseo consumista. Nosotros podríamos tener una vida mejor, sólo que no la podemos pagar. Los más humildes podrían tener una vida mejor, pero no saben que pueden conseguirlo. Esto es algo que horroriza a cualquier progre que se precie de tal, dado que si el más humilde pretende dejar de serlo, ya no tendrían sentido las políticas limosneras y deberían buscar la forma de emparejar hacia la cultura productiva. Y hacer cosas productivas es algo que escapa de la cosmovisión de la cofradía de los ensayistas.
villacristina3Parece mentira que a la misma clase dirigente que viaja para ver cómo funcionan las experiencias ajenas, no se les haya ocurrido aplicar lo mismo puertas para dentro. No es lo mismo montar un teatro itinerante por las villas que facilitar entradas para el teatro al que concurren el resto de los mortales. Este es el país en el que por ley se reserva un cupo femenino en cada lista legislativa, pero a nadie le pareció buena idea que en cada sala de cine se habilite un cupo de entradas gratuitas para los que no tienen con qué pagarlas.
Una villa se puede urbanizar. Pero si se mantiene el culto a la marginalidad misógina y delincuente, en la que el cuánto valés se mide con la escala Motomel, y donde ser madre a los 14 y abuela a los 28 es la única contribución a la sociedad que se tiene al alcance de la mano, será en vano. El problema no es sólo la villa, si no la marginalidad. Y si esto no fuera así, el complejo habitacional Ejército de los Andes no sería conocido como Fuerte Apache.
La historia reciente demuestra que todas aquellas políticas que se venden como inclusivas, en su mayoría son discriminatorias, y para muchos está bien que sea de ese modo, en una actitud ligada a un trauma emocional que genera la necesidad de sobreproteger al otro sin enseñarle a protegerse solo. No vaya a ser cosa que la movilidad social ascendente derive en que los necesitados dejen de necesitarlos y terminen compitiendo por sus puestos de trabajo.

“Este es apenas uno de los misterios de la economía marginal en las ciudades latinoamericanas, un misterio que los planificadores, ya sean desarrollistas, keynesianos, friedmanianos o marxistas, prefieren no enfrentar. La marginalidad es el moderno e implacable Waterloo de capitalistas, tecnócratas, dictadores y hasta revolucionarios”.
La Calcutización de las ciudades latinoamericanas. Ted Córdova Claure. 1984

Martes. Sin cambio de paradigmas culturales, la realidad social será idéntica, sólo que tendrá paredes con revoque y techo con cielorraso.